Colonia del Sacramento, mágica y atrapante

Colonia del Sacramento, mágica y atrapante

Siempre hay buenas excusas para pasar un fin de semana en Colonia. Por algún misterio, la visita a este destino está envuelta en una magia que hace que, quien la visite, de repente se sienta la persona más feliz del mundo simplemente mateando en medio del Barrio Histórico o caminando por su rambla infinita. Y no hay receta mejor para reponer energías.

 

Así, quienes viajan por dos horas desde Montevideo, o por una desde Buenos Aires, o por cualquiera de las cientos de opciones que hay para llegar, arriban a una zona donde la tranquilidad es la anfitriona y la parrilla, los vinos y los quesos están a la orden del día. Aquello de panza llena, corazón contento, más que nunca cobra vida en medio de este banquete de sabores típicos.

 

Aunque también, están los sabores más cosmopolitas, aquellos que han llegado con la inmigración de trotamundos que han encontrado en Colonia su lugar en el mundo. Personas que han llenado de sabores, texturas y acentos exóticos a un lugar que los ha enamorado, como a todos.

 

Sin duda que uno de los lugares más reconocidos y pintorescos de la ciudad son las callecitas adoquinadas que, siendo parte de un conjunto arquitectónico que evidencia la combinación portuguesa y española, en 1995 fue con justicia declaradas como Patrimonio de la Humanidad.

 

Que en este viaje en el tiempo y por una de las ciudades más emblemáticas de Uruguay, por favor no falte su contemplación desde el faro, o la visita a los museos, o las clásicas foto en la Calle de los Suspiros o la Puerta de la Ciudadela.

 

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